miércoles, 20 de enero de 2010

Copos de Nadie


barrer cada letra -desproporcionarlas-

como si cada nutriente que asoma

celebrara tiempo


verterlas todas como copos de nadie

e inventarlas en abrigos


entrelazarlas al mundo ausente de la magia

para reabsorberlas como uvas


complicarlas hasta el vértigo labriego

que rememora entonces cada paso-sangre


bieninterpretarlas

asumirlas y lanzarlas casi


hasta reanimarlas

en la belleza inmensa de un cuerpo

que hasta no exudarlas

se estrechará hacia el sur de las presencias


como si nada


Gabriela Bruckner

martes, 19 de enero de 2010

Comandante Ernesto Che Guevara



Miraba hacia las rosas volantes con la fuerza de los saltos, trepaba como el humo por el espinazo de la estrella, y clareaba como el golpe

La boca se le abría como el horizonte del desierto y se le caían las manos como banderas muertas por el corte, como medias tristes

Compañero del adobe lleno de olor a chocolate blanco, militante del curso de los rayos

Tienes la humildad perfecta del oro que dejan los patos en el agua cuando vuelan despeinados

Ibas en tu borrico gris camino a la ciudad de alpaca, ibas abriendo las nubes con los brazos

Te veo leyendo un libro pequeño como el gorro de un duende, te veo dormido de pie contra un quebracho

Comandas todos los remos de la chalupa de mi vida con voz de voces, y eres manso

Tu cuerpo es elevado como el incienso, tienes mirada de reina de etiopía, tienes fiebre en las uñas como un santo

Si supongo tu camisa, sé que huele a tinta china, a remedios de enfermería cladenstina, a caballo cepillado, a azucenas para el pelo de la novia, y a galletas

Tan importante, con esa barba de choclo resoplado, tan fino como un caballero londinense y tan humano

En tus manos hay bombas que sonríen como palomas, que cuelgan del huevo del posible como años

En tus nudos hay naturaleza que brinca, hay potrillos y hedor de sal de los sobacos de Cristo

Te quiero casi como a mis rodillas, como a mis papeles que protestan entre monitores vacuos color menta

Te amo más que a mi corazón o al corazón estricto del indio, te amo como a los calcetines tibios, como a las almohadas y al pan de campo

¿Es cierto que te gustaba leer cuentos para niños del norte de Europa? ¿Es cierto que tenías abejas disecadas en un bolso y un microscopio de cien años?

Cuando pongo discos de Mahler, no sé por qué causa te me vienes a la ventana como un búho, como un mono de Poe, te me impones como la lluvia sobre el patio

Te busco largamente en la arena siguiendo el paso de las aves peregrinas, caminando por el borde matemático del tiempo como un muerto, te acompaño

No imagino mayor dignidad para una guitarra que pasar tu nombre por el pecho, ni hay taza de café que reniegue de tu rostro soberano

Haría cadenas de soga para rodear las chozas donde queda el calor de tus zapatos

Nada más para decirte capitán de mi mareo, que tengas buenas noches en el cielo de mi canto


Rafael Teicher

domingo, 10 de enero de 2010

Seis en Caída


I Cuenco Estelar

— Las manos plegaban una estrella
— ¿La encintaban?
— No, la redondeaban
— ¿En el centro?
— Desde el centro de la noche y hasta el hueco seco

II Ángulo Pluvial

— La lluvia es besada por la arista del mundo
— ¿Caen canas?
— Claro, la sabiduría es húmeda

III Lupa Negra

— Frente a la inmensidad el ojo despabila oscuridad
— ¿Estaremos rengos?
— Los bastones se cosechan o se remontan
— Diría más bien que la cosecha es remontar bastones

IV Filo en Brote

— La tierra corta siempre al ojo despojado
— ¿Lo inunda?
— Lo enciende
— Seguramente esto sucede del otro lado del rombo

V Susto Dormido

— ¡Alerta desnuda!
— Es como un éxodo...
— O como el lenguaje buscando un corazón
— Llévame allí

VI Fuga del brillo

— Dicen que hablamos metáforas por miedo al incendio
— Es que la enfermedad del agua descansa en la palabra
— A través del rostro veo la gota
— ¿La ves en mí cuando te nombro cómplice?
— Tú vences


Gabriela Bruckner - Rafael Teicher

viernes, 25 de diciembre de 2009

Zain


*


recrudece el día

no hay espacio para un punto


*


eres sólo el desierto?

quizás ya trasluces la música del agua en la semilla


*


un sol dormido

incendia el horizonte

con lluvia seca


*


persianas rotas como aureolas?

no

salpicaduras del ser


*


amanecí tan verde como el ojo de la lluvia

( que guiñó su calma

y olvidó su luz )


*


la calle

se tornó infinita entre las ramas frías

hoy puedo


*


dejar de ser posible mataría la palabra



Gabriela Bruckner

El Motor de la Barrera


De pronto siento un berrido de cadeneta. Algo se escurre en lo hondo del muñón de la barrera. ¿Por dónde andará distanciada la mano arácnida que acciona?, pienso.

El fuselaje de madera desciende temblando. Miro los vasos de los árboles. Está nublado. ¿Un tren es más que un designio?, pienso.

Los herbajes crecen como bozo entre los rieles. ¿Qué atribuye los ojos?, pienso.

Dentro de qué soy, pienso. ¿Soy aún algo, por fuera del empujón?

La gente que va montada en los estribos no contiene, han de ser áreas, pienso. Y, sin embargo, mi concavidad corre.

Rayas ante rayas, pienso. Estrías, resolana.

Mas pongo el botín sobre el ponedero y abrogo un mundo. ¿Es esto una intervención?, pienso.

Desde dónde el foco, ¿qué prima?, pienso.



Al fin se me da por pararme sobre una vía. La luna comienza sobre una moldura de aluminio. Si camino sin curvarme alcanzaré a mirarme la espalda, pienso.

Un rostro es lo que resulta después de la persecución, es el límite, pienso.

La noche provee, atasca, pienso. Sólo nos queda la confianza en la felonía, el revés.



El motor para, ¿pararé yo? ¿Yo es el que mira las intemperies?, pienso.

Si realmente fuera masivo podría treparme, topar. Si fuera cierto, sería el curioseado, el descuido, lo hondo.



Y pienso todavía:


He aquí que soy un motivo sobre el asfalto de entre los raíles, así: oportuno, previsto, meramente interior. ¿Y tú?



Rafael Teicher

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Vísperas



— Transparentemente.
— ¿Transparentemente?
— Sí, me gusta desperdigarte, desconocer.
— De todos modos es una convicción.

Él lleva botas blancas. Ella luce sombrero de paja con margaritas.

— ¿Ves? Aquí, en este mirador, suelo quedarme a tallar.
— ¿Tallas?
— Claro, amaso las piezas de la memoria con el rostro.
— Como los ancianos.
— Como los velocistas.

Ella balancea la falda cerca de las hojas del mar.

— No creo que vaya a extrañarte.
— Por qué.
— Los que parten se vuelven totalidad, pulso. Se ausentan bajo la forma del paisaje.
— Nunca he contactado tu cuerpo.
— Tonto, me tocas cuando cierras los ojos, como el viento.

El arco iris posa sus talones en el agua. Y Él:

— Cómo bajar del molino.
— La arena también gira, las cenizas rotan, no hay manera de no dar vueltas. Es continuo.
— ¿No moriremos?
— ¿Ves esa dama con peineta, en el puente?
— ¿Esa?, ¿la que parece un ala salpicando?

— Ella está muriendo.

— ¿Sí?
— Sí, no talla, espera.

Baja la noche multitudinariamente. Huele a almendras o a piel. Ella dice:

— Si quiero escuchar el sonido que hace el mundo en el vacío, vengo a este lugar.
— Yo sólo oigo la canción de tus venas.
— Yo no existo, soy un paso.
— Pero yo adoro las huellas.

Seguramente suben a un barco y caminan por cubierta.

— Ya no sé si estamos escribiéndonos.
— ¿Aún escribes para desconectar las palabras?
— Intento la rotura.
— Qué sucedería si nos arrojáramos contra aquella hélice.
— El perfil.

Él buscaba en los ojos de Ella un punto fijo. Ella era superficie sin pliegue.

— Antes creía en las metáforas.
— ¿En las raíces volantes?
— Algo así.

— Hagamos lo opuesto a un beso.

Las estrellas eran otras, eran más, y distintas. Refulgían con forma de cambio.

— Busco el miedo.
— ¿La urgencia?
— Lo inminente, la falta.
— ¿La sensación del juicio?, ¿el golpe de la entrada?
— La intervención, lo postergado, lo menudo. Lo previo.

— Dónde buscas.
— En lo filoso, en las curvas, en los jardines de los victimarios.

— No sé si con todo esto no estaremos haciendo un hijo…

Ella se sienta sobre la pata de un ancla.

— Todos los términos son sinónimos, me harta.
— Tu último pecado es la consideración del dolor como umbral.
— ¿Te conté que he visto al diablo?
— No.
— Es un niño. Lo vi en un teatro. Estaba jugando con unas figuras de cartón. Me dijo: ¿eres capaz de dibujar algo que no se parezca a nada?
— ¿Y huiste?
— Procuro desde entonces caer hacia lo pertinente, pertenecer a lo que acontece. Y no lo logro.

— No creo que nos volvamos a ver.

Él se paró sobre una red de pesca estirada en el piso. Las nubes se desmenuzaban sobre su cabeza.

— ¿Por qué crees eso?
— No es posible ver dos veces a una misma mujer. La mujer es una aldaba contra un imposible, un vértigo.
— ¿Así me sientes?
— No te siento, te traspaso. Eres la única cosa que no me obstruye, la habilitación.
— Suena hermoso.
— Estamos a punto de algo, ¿lo notas?
— Siempre.

— Merodeándonos entre las sombras, desconfiándonos.

— ¿Qué podemos hacer para deshacer?

Él cita a Kant. Ella otea:

— Ahora flotamos.
— Desacordonarte, procuro.
— Si logramos olvidarnos saldremos de lo mutuo.
— Salir del dos, eso está bien.
— Ser impares, malignos.
— ¿Pero lo obtendremos luchando?

— Es verdad, mejor dejemos que se nos neutralice mediante la maniobra de la escritura.


Rafael Teicher

Ensayo de Sal


oceánica


de labios vestidos

y cabellos sin adiós


y demasiado paisaje para ventilar luceros


oceánica


de cristal en penumbra bajo el vertedero

con un quien mojado desde un sí despierto


desde un no en derrumbe


oceánica en mi piel-cultivo

los hombros se cierran al dorso del silencio


demasiado ventosa la barba del silencio

demasiados muslos para no nacer


oceánica


de jardín en el seno y de cielo en la lágrima

una nana me abre al horizonte


y me inundan cien verbos de luna


epidérmica en sonrisas rubias

soy el donde en mi ensayo de sal


oceánica -la mujer-

me espera


Gabriela Bruckner

viernes, 18 de diciembre de 2009

Noche de harina


de vez en cuando la tierra


el golpe de blanco

lo abrazado


se abre a la gota joven

de todas las inundaciones


a veces la llanura


el altar de brisas

la durmiente


cobija su mantel de horas

en la esquina del color


siempre hoy

-entre respiros de alondra-

la hojarasca se celebra gestos


siempre hoy

pende de la siesta amplia

todo el celo de la aurora


hoy y siempre

vertiente en la noche de harina


bajo el pecho espumoso del reloj de credos


Gabriela Bruckner

Lo Intrínseco

Y, a medida que se preguntaba qué es un poema, se le doblaba la nariz, hacia el suelo, como si pesase varios kilos, o fuese un pulgar planetario indicando el lugar para la excavación

Y decía ante los espejos:

¿De veras crees que tus ganas de leer este poema son posteriores a mis ganas de escribirlo?

O:


¿Has visto que en la zona de los títulos las palabras gozan de inmunidad?


Luego le gustaba hacer la plancha en una piscina azul decorada con hojas de acanto, así:



_____ ¿Eres capaz de vencer al triángulo? ______


Rafael Teicher

martes, 15 de diciembre de 2009

Manos Lacias


me espera la palabra

desde antes del principio


lánguida

serena

estilizada


palpita espaciosa entre mis cuellos

para traspasarme


y soy

lánguida

serena

estilizada


quien pudiera lloviznarse

-como ella-

los pasos límpidos de su perfume rojo


(quien pudiera)


quien pudiera sobrevivirla

más allá de sus manos lacias


si es en su silencio

toda la respuesta de la caricia en alas


por eso

me asemeja

a la idea de esperarme


como el universo en la semilla

duermo en su flabelo intenso


a la sombra del leopardo blanco

bajo el rostro de la fuente

con toda la sílaba en su espejo


y de reojo



allí


en el entonces del oleaje abstracto


soy el fin


(en su garganta salpicada de geranios)



Gabriela Bruckner

Escamaduras



— ¿Te gustan los jardines o los libros con jardines dibujados?
— Me gusta el exilio.
— ¿Has visto cómo el sol construye regiones de contención sobre los muros?
— Me incluyo en el fogaje.
— ¿Ganas algo siendo arborescente?
— Toreo.

Así hablaban, como cruzando olores. O así:

— ¿Cómo muere la ceniza?
— Se vuelve idea.

Y demoraban los besos como ascenso.

— Mejor sería decolorarnos, perder la cara, ¿no?
— Hablemos del peso de la hoja, del interlineado, de la supresión de los puntos, así.
— ¿Me quieres aún?

Uno decía que las flores se reúnen mediante la maniobra tántrica. El otro negaba. Así:

— ¿Para qué hacer un aspa para el aspa?, ¿dónde dejar el reflejo?
— Ante qué escribes.

Uno contradecía los arrastres. El otro...


Rafael Teicher

lunes, 7 de diciembre de 2009

A ritmo blando


con los ojos espesos como el viento

permanezco sin rostro


porque si hoy la madrugada táctil

si hoy el ritmo blando y las baldosas muertas


rompen sus colores-nube



poco sé


que las sandalias de la noche mansa

bajo sus gotas de vuelo


y con cada cielo cómplice



unifican la voz



ante el trópico dormido en lenguas

-sin perfiles sordos-



estoy


tan aquí de vos

tan allá de mí



que con telares de gloria

aprendí a reconstruirme en ningún rostro


sólo desde mis ojos espesos

desde la llama errante


y hasta el último lenguaje que se aspira el mundo


Gabriela Bruckner

La Construcción por la Cabeza




Vamos por la caída del pulso
........................................................................................hasta allá






Quiero escribir sobre la construcción por la cabeza
.........................a golpes



Se trata de ese estremecimiento de todo el talego, el calambre. Uno lo siente ante los canteros oscuros, o ante los barrancos impensados

Es un escozor estructural, algo al borde del cuerpo, una manera de la envoltura

El papel es una sala, lo predispuesto

Sólo ocurren los anchos del libro, la crecida



Y en el meollo aislado se yergue lo completo, la ferocidad, el ojo




Es una seguidilla de títulos
.......................sólo centro






Henos bajo el problema del promedio entre hombros, en la sisa






Somos mente, amarillo, gozne





( esto es un pliegue aéreo, el pestillo )



Posición del presente que anega, ahínco




También





¿Qué tanto soportas la elasticidad de un texto?








¿Por qué imagino libros panzudos que sólo crecen por la columna?




¿Dónde terminan de conversarse los pétalos?

Seguimos… cruzándonos, convidados, fundadores. Y el troquel que se salta

¿Saltas tú?





Terminaremos antes de abrirnos, participados por la formación de la dicha, interfectos


La vida es antes del problema de la mensura, dicen




( pero fracasan )


Al término del muro de la palabra hay una estafeta nocturnal, una seña que da vueltas sobre su eje

vacío y gris



¿Sueñas tú con cáscaras que vendan?, ¿con la irrupción ciega y embolsada?

Aquí no hay

Es decir, aquí se empuña, se aúpa





Ve y bórrate en el lagar de la palabra, sé la correría del signo, lo tullido que cae al agua, sé




Sé flores proyectadas en el vidrio, sé lo meridiano, el reflector espumante, el beso crítico




Cuando dejes de florecerte, serás la inclinación llana, el límite





dicen






Rafael Teicher