un tercio
hacia la luna
el resto
el momento
la bisagra no permeable
la demora?
la posibilidad oriente
en la costa impropia
más abajo
ya no fluye
sube la otra mano
sobre los deseos-lagos
sobre
la frente
de la diana interna
Gabriela Bruckner
Ayer estoy triste
Triste de manera universal
Y también de manera específica
Triste como un Zeppelín que se deshincha
Peor todavía: como uno que remonta hacia Suiza cargado de niños
Me siento bello, moderno, fuerte. Y solo
Me he afeitado. Mis pómulos brillan cual cabeza asiria
De seguro la-loca-por-mí está con la pierna escayolada en un nosocomio
Ha de ser por eso que no suena el teléfono del sótano
Soy un pelagatos. Que sí
Que no me cabe otro apelativo
Qué otro andaría en plena rada con una armónica de pulgarcito en la bolsa
Ni siquiera un criptozoólogo desdentado
Un caminavías, eso es lo que soy. Y encima, desempleado
Por eso nadie me viene a buscar con un ramo, o una caja de jabones
Si no cojo mi Titanic a la salida del Bingo me suicidaré, palabra de campeón de mancha venenosa
Me suicidaré con una pastilla geopolítica, o con un secador de pelo
Pero mi cuerpo es inmediato y necesita inmediatamente estar contigo en un hotel de mil oros, o en un concierto de Bon Jovi
Eso
Precisaría cubiertos finos. Vajilla cinco-luceros. Pianos blancos
Y una barra sembrada de vasos verdes con cogote de jirafa
Te precisaría
Mis poemas enormes como bisontes me dan miedo hoy
Me dan lágrimas de amor, que es miedo
Siento que mi cuerpo se cae por un reloj de sol
Qué horror que se le marchiten así, inútilmente, los mejores vellos
Quizás estoy al otro lado de un accidente de motocicleta. Como un vidrio azul arrojado en la brea
Quizás me ha salvado el gato tuerto de un museo de cera, y como duermo, aún no lo sé
Me has dicho que el pelo te huele a mandarinas, que se te rompió el cerebro del amor, o que rompiste a un hada con un picahielos. Algo como ésto
Y eso me daña. Me daña porque es hermoso dicho así
Me has dicho que te encierras a ver una película con una caja —supongo de chocolates
Que la miras cuadro a cuadro para pillarle su Dios
Ciertamente has hablado como una sirena. Te lo agradezco
Pero ahora estoy triste
Y mañana
Y siempre
Hasta cuando doy la carcajada de Nathán Pinzón estoy triste
Rafael Teicher
luzco un beso
que
se
a-rras-tra
pero claramente
pero no
soy algún mantel vencido
donde se rotula el día
poco abiertamente
pero sí
soy yo
con tu abrazo liso
limitadamente
obesa de palabra
mucho en otro
pero yo
Gabriela Bruckner