• Te he visto en los bordes labiales de los féretros, en las teteras que alzan los hombros, en el pan con lluvia
• Tus ubres de cristal no me alimentan, me provocan gárgaras de ceja, y pus en los pasillos y en el casco
• He jurado delante de los fósforos que te hundiré los péndulos, marioneta ascendida, voz de poliéster
• Para alejarme de ti llevo las manos tan lejos la una de la otra que en lugar de rezar, fundan
• Tu no eres botón de marinero para la manga de mi saco
• He visto las pinzas con las que vas tallando la carne de las flores, mercachifle, instalador de curvas de botella, aguafiestas
• A ti te ha mascado un ermitaño en el patio sin balde, eres el brazo gangrenado de la estrella del rio
• Hueles a agua inoportuna, y al cadáver de la abeja magra, tus resortes uránicos sin caspa, hieden
• A los cuatro años te sorprendí soplando los farolitos de papel, atando poemas contra un corcho, así que te conozco bien, relámpago cuerdo, hurón
• Aunque estampes la bandera embadurnada en mi manzana negra no te llevarás ni mis pelos ni mi espanto, mis eructos te harán cosquillas en el tercer párpado, ramplón
• Respecto a mis muelas, te aseguro que perdurarán para siempre como pelotas de ping-pong a ras del pasto
Rafael

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