martes, 26 de mayo de 2026

Hasta que la Muerte Muera

                                                            

                                                              A Alejandro Sánchez




Amar con fuerza de paisaje, e irradiante

Amar a azucenas rotas, a fósforos 

y a barcos


Amar hasta hacer llover desde el medio de los yunques, o por los ojos de los cascarudos, haciendo malabares con los platos

Volverse luciérnaga o capelina, y llevar a la muerte de la mano


Amar por dentro de los cables, en las lámparas, y en los bolsillos hacer trinar dos mil relámpagos

Amar con canto rodado, y a fusiles que se derraman sobre vasos

Amar desde los cuencos como si el agua se negara ante la insolencia de la forma

Amar sin guantes, a pulmón ofrecido contra el viento, sollozando

Amar por todo el esqueleto y por la lana que cubrió los brazos

Amar como los helicópteros que levanta el niño

por los pozos, por los mares, jactancioso, rubicundo, 

rompiendo el reglamento de lo impuro, sentado bajo un árbol


Sentirse ingobernable como un dibujo de carmín sobre un espejo

Amar al cielo con los ojos cerrados, envuelto en el perfume invencible de los primeros y postreros besos

Amarse en los planos abiertos, y como una bolita perezosa, resbalando

Amar con las alas del avión que se confiesa, con aspaviento de titan

Amar lo que vive detrás del panorama de la noche, a rostros

Amar mirándose las manos que bailan como plumas de paloma a corto plazo

Amar con anteojos invisibles

Amar hasta dar vuelta las hamacas e inmortalizar los globos

Amar sin los zapatos, torpe como la rosa que se esconde de los vientos y se viste de payaso

Amar a través de las mirillas, sonriente

Amar hasta perder las uñas

Hasta regresarse

Sin dioses y sin panes

Amar en la luz del agua

Atrás tuyo

Y adelante


Sin perderse jamás, chocando dientes y sombreros,

Desfallecer apretando un fantasma con pasión de gorrión ingenuo

entre los brazos



Rafael Teicher


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