A Alejandro Sánchez
Amar con fuerza de paisaje, e irradiante
Amar a azucenas rotas, a fósforos
y a barcos
Amar hasta hacer llover desde el medio de los yunques, o por los ojos de los cascarudos, haciendo malabares con los platos
Volverse luciérnaga o capelina, y llevar a la muerte de la mano
Amar por dentro de los cables, en las lámparas, y en los bolsillos hacer trinar dos mil relámpagos
Amar con canto rodado, y a fusiles que se derraman sobre vasos
Amar desde los cuencos como si el agua se negara ante la insolencia de la forma
Amar sin guantes, a pulmón ofrecido contra el viento, sollozando
Amar por todo el esqueleto y por la lana que cubrió los brazos
Amar como los helicópteros que levanta el niño
por los pozos, por los mares, jactancioso, rubicundo,
rompiendo el reglamento de lo impuro, sentado bajo un árbol
Sentirse ingobernable como un dibujo de carmín sobre un espejo
Amar al cielo con los ojos cerrados, envuelto en el perfume invencible de los primeros y postreros besos
Amarse en los planos abiertos, y como una bolita perezosa, resbalando
Amar con las alas del avión que se confiesa, con aspaviento de titan
Amar lo que vive detrás del panorama de la noche, a rostros
Amar mirándose las manos que bailan como plumas de paloma a corto plazo
Amar con anteojos invisibles
Amar hasta dar vuelta las hamacas e inmortalizar los globos
Amar sin los zapatos, torpe como la rosa que se esconde de los vientos y se viste de payaso
Amar a través de las mirillas, sonriente
Amar hasta perder las uñas
Hasta regresarse
Sin dioses y sin panes
Amar en la luz del agua
Atrás tuyo
Y adelante
Sin perderse jamás, chocando dientes y sombreros,
Desfallecer apretando un fantasma con pasión de gorrión ingenuo
entre los brazos
Rafael Teicher
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