Para la noche
de brujas
compré un ínfimo
esqueleto
plástico
Colgado contra la madera
de la puerta
parece una lámpara
sin pétalos,
o un revólver
dentro
del arcón
de un
santo
Como un mudra arquitectado con
la lengua
escupe su menuda y homogénea plenitud de herbívoro:
nunca
crepita
Ahora, cada tarde, en el minuto en que las flores
rinden sus galeras
hacia la hojarasca
y los ataúdes se restriegan los hombros contra las iguanas
nos miramos cual egipcios,
atrapados en el laberinto imposible y continuo de los dedos de un guante:
nos sabemos perfectamente inútiles y tristes,
como cubos de hojalata
censurados topológicamente
por la lamida cenital
del viento.
Sé que un día
las dos ventanas
volverán a conformar
un mismo
golpe
de dos relåmpagos acobardados
se hará
la gran ribera
de la
luz.
De momento,
sólo hacemos ineficaces huracanes con los ojos,
nos proponemos joyas oscuras entre vidrio y vidrio
y se nos cae uno
que otro
crujido
desde
el
corazón
Rafael Teicher
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